
El artículo 14 de la Constitución dice: “Nadie podrá ser privado de la libertad o de sus propiedades, posesiones o derechos, sino mediante juicio seguido ante los tribunales”.
La Suprema Corte de la presidenta Sheibaum suspendió la semana pasada esta garantía constitucional.
Decidió que la Unidad de Investigación Financiera de la Presidencia puede congelar cuentas bancarias de particulares, no solo sin que medie un juicio, sino ni siquiera un alegato judicial. Basta con la sospecha de la autoridad, ha dicho la Corte, basta con que la autoridad sospeche de alguien.
Vuelvo a este asunto, que abordé ayer, porque me escandaliza la falta de escándalo frente a este atropello escandaloso de los derechos esenciales de propiedad, un atropello venido de la mismísima Corte, la Corte de capirote que tenemos, cuya ilegitimidad de origen y cuya insolvencia de cada día, son tristes espejos del país sin leyes que tenemos.
Hemos vivido siempre en un “país sin leyes”, de leyes que se cumplen a medias, se violan a medias y se negocian siempre: políticamente, económicamente, criminalmente.
Nuestras leyes, incumplidas hasta ahora, eran garantistas, democráticas, liberales. La realidad, en cambio, era discriminatoria, oligárquica, autoritaria. Nuestra vida pública resultante fue la mezcla, el combate, entre ambas cosas.
El cambio histórico de estos años es que nuestras leyes han dejado de ser garantistas, democráticas y liberales. Tenemos una Constitución vigente dictatorial, que ha desparecido los contrapesos del Estado y otorga al gobierno poderes legales indesafiables.
La Corte que tenemos es un muñeco emblemático de la realidad dictatorial de las leyes de México, una Corte que atenta contra los derechos básicos de la ciudadanía, que autoriza al gobierno a congelar las cuentas bancarias de quien sea, por solo sospechar de su legalidad, sin presentar ninguna prueba.
Los mexicanos sabemos lo que este gobierno hará con la facultad de congelar cuentas bancarias. La usará políticamente.
Para amenazar y disciplinar a malquerientes y para sofocar disidencias: de este empresario distante, este político emergente, este aliado inconforme, este medio incómodo, este periodista necio, esta organización crítica, estos congresistas buscapleitos, y estos ciudadanos, muchísimos, que nada más le caen gordos al gobierno o que pueden pagar para que los saquen de ese congelador donde el gobierno puede meterlos.
Publicado en Milenio el 9 de abril de 2026
Héctor Aguilar Camín
Escritor, historiador, director de la revista Nexos.
Su último libro: La dictadura germinal.
Crónica de la destrucción de la democracia mexicana
Editorial DEBATE, Penguin Random House, 2025